Un 48% de los adolescentes reconoce perder el control del tiempo con el móvil

La hiperconectividad temprana redefine la infancia: el acceso a dispositivos se adelanta a edades cada vez más tempranas.

02/06/2026

El uso del teléfono móvil entre menores ya es un fenómeno estructural que afecta al desarrollo emocional, social y educativo de los niños. Esta una de las conclusiones del último informe sobre la infancia y tecnología de SaveFamily, que advierte de que uno de cada cuatro adolescentes utiliza el móvil ...

El uso del teléfono móvil entre menores ya es un fenómeno estructural que afecta al desarrollo emocional, social y educativo de los niños. Esta una de las conclusiones del último informe sobre la infancia y tecnología de SaveFamily, que advierte de que uno de cada cuatro adolescentes utiliza el móvil como vía de escape para olvidar problemas, mientras que casi la mitad reconoce haber perdido el control del tiempo que pasa frente a la pantalla.  Los datos del informe, respaldados por estudios internacionales y encuestas realizadas a familias en España, dibujan un escenario de hiperconectividad temprana en el que el acceso a dispositivos digitales se produce cada vez antes y con menor supervisión. El informe señala que el 25% de los adolescentes recurren al móvil para desconectarse de la realidad y hasta el 48% admiten dificultades para gestionar su tiempo de uso.

El 81% de los niños pasan horas con el móvil a diario
Este patrón no es aislado; se enmarca en una transformación más amplia donde el acceso a la tecnología ya no comienza en la adolescencia, sino en la infancia. En España, el 90% de los menores utiliza dispositivos con conexión a internet y más del 81% pasa más de una hora diaria frente a pantallas entre semana, cifra que se eleva por encima del 90% los fines de semana y que dibuja una realidad en donde los niños invierten gran parte de su tiempo libre frente a dispositivos y no en otras actividades sociales. En este sentido, los expertos alertan de que la exposición prolongada no solo implica más tiempo de pantalla, sino una relación cada vez más intensa con entornos digitales diseñados para captar la atención. "El problema no es únicamente cuánto tiempo pasan los menores conectados, sino cómo están diseñadas las plataformas para retenerlos. Estamos ante sistemas que fomentan un uso continuado y dificultan la desconexión", señala Jorge Álvarez, CEO de SaveFamily.

El informe subraya que esta dinámica se ve reforzada por el adelanto en la edad de acceso al primer móvil. Si hace una década este se situaba en torno a los 13 o 14 años, hoy tres de cada cuatro adolescentes ya disponen de smartphone antes de los 13. En algunos casos, el contacto con dispositivos conectados comienza incluso antes de los 8 años, consolidando un uso intensivo desde etapas muy tempranas, en contra de las recomendaciones de los expertos.

Riesgos en la salud mental de los niños
Esta exposición precoz tiene implicaciones que van más allá del ocio digital. El informe de SaveFamily apunta a una relación entre el uso intensivo de redes sociales y el deterioro de la salud mental. Los adolescentes que pasan más de tres horas al día en plataformas digitales duplican el riesgo de sufrir problemas psicológicos, mientras que un 17% reconoce haber intentado reducir su uso sin conseguirlo.

En paralelo, emergen señales de impacto en el ámbito educativo y social. Un 11% de los jóvenes admite que el uso del móvil afecta negativamente a su rendimiento escolar, mientras que otros jóvenes aseguran que sufren problemas mentales como la ansiedad asociada a la desconexión o la necesidad constante de interacción digital; reaccionando incluso con agresividad cuando se les intenta privar del teléfono móvil.  "Estamos viendo cómo la tecnología entra en la vida de los menores sin una progresión adaptada a su desarrollo. Esto genera una sobreexposición que puede tener efectos acumulativos en su bienestar emocional, su capacidad de concentración y sus relaciones sociales", advierte Álvarez.

Pero el fenómeno no se limita a España. En Portugal, por ejemplo, más del 90% de los hogares con niños cuenta con acceso a internet, lo que refleja una tendencia similar de penetración tecnológica y adelanto en la edad de uso. En ambos países, el reto ya no es el acceso, sino la gestión de una conectividad que se ha normalizado desde la infancia.  A esta realidad se suma el papel de la inteligencia artificial, que amplifica los riesgos al personalizar contenidos y acelerar la exposición a estímulos digitales. El informe advierte de que la combinación de acceso temprano, diseño persuasivo y sistemas algorítmicos genera dinámicas de uso continuado que afectan de forma acumulativa al desarrollo cognitivo de los menores. "Las tecnologías actuales no solo ofrecen contenido, sino que lo adaptan constantemente al usuario, lo que aumenta su capacidad de influencia. En el caso de los menores, esto exige un enfoque mucho más riguroso en términos de protección y acompañamiento", explica el CEO de SaveFamily.

Una tecnología que influencia la mente de los niños
En este contexto, los especialistas coinciden en la necesidad de replantear el modelo actual de acceso digital. Más allá de limitar el tiempo de uso, la tendencia actual busca retrasar la entrega del primer smartphone para fomentar alternativas supervisadas y reforzar tanto la educación digital como los mecanismos de control.

Para combatir esta amenaza, cada vez están más presentes alternativas tecnológicas que buscan introducir una transición más progresiva hacia la vida digital. Entre ellas, los smartwatches orientados a menores emergen como una solución eficaz al permitir retrasar la entrega del primer smartphone sin renunciar a la conectividad que demandan las familias. Estos dispositivos ofrecen funcionalidades limitadas y controladas como llamadas, geolocalización, IA adaptada a los niños, mensajería restringida o hasta modo antibullying que facilitan una primera toma de contacto con la tecnología en un entorno seguro y supervisado. De este modo, favorecen una inmersión digital escalonada, adaptada a la edad y al grado de madurez del menor, al tiempo que contribuyen a reducir la exposición temprana a redes sociales y contenidos potencialmente adictivos. Esta realidad plasma una generación que crece conectada desde la infancia, con hábitos digitales intensivos y una relación cada vez más compleja con la tecnología. Un escenario que, según el informe, requiere respuestas estructurales que vayan más allá de la responsabilidad individual y aborden el diseño mismo del ecosistema digital al que acceden los menores.

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