La tecnología, eje de la estabilidad económica en España

Tras el avance de 2024, la economía española inicia un periodo de desaceleración que redefine las reglas del juego para empresas y consumidores. El crecimiento más contenido, el consumo selectivo y el alivio financiero gradual sitúan a la innovación y la digitalización en el centro de la estrategia para mantener el dinamismo económico en los próximos años.

31/03/2026

Las previsiones económicas para España en el periodo 2025-2026, elaboradas por Funcas, confirman que la economía española ha dejado atrás la fase de recuperación acelerada posterior a la pandemia. Actualmente, se adentra en un nuevo estadio del ciclo caracterizado por la moderación del crecimiento, la contención de los precios y ...

Las previsiones económicas para España en el periodo 2025-2026, elaboradas por Funcas, confirman que la economía española ha dejado atrás la fase de recuperación acelerada posterior a la pandemia. Actualmente, se adentra en un nuevo estadio del ciclo caracterizado por la moderación del crecimiento, la contención de los precios y una mayor estabilidad de los grandes equilibrios macroeconómicos. Este escenario condiciona tanto las decisiones de inversión como la evolución del consumo digital, la innovación empresarial y la competitividad internacional.

Tras un crecimiento medio del PIB del 0,9 % entre 2020 y 2023, claramente lastrado por el impacto de la crisis sanitaria, el año 2024 marca un punto de inflexión con una expansión del 3,5 %. Este avance responde en gran medida a la normalización de la actividad, al empuje del turismo, a la mejora del mercado laboral y al `efecto arrastre' de los fondos europeos. Sin embargo, las previsiones apuntan a una desaceleración progresiva, con un crecimiento del 2,9 % en 2025 y del 1,9 % en 2026. No se trata de una corrección abrupta, sino de un ajuste coherente con el agotamiento de los estímulos extraordinarios y con un entorno internacional menos dinámico.

En este contexto, la tecnología deja de beneficiarse de un viento macroeconómico claramente favorable y pasa a desempeñar un papel más estructural. El crecimiento ya no vendrá tanto del aumento del volumen de demanda como de la capacidad de generar eficiencia, automatizar procesos, mejorar la productividad y crear nuevos modelos de negocio. La moderación del PIB real per cápita, que pasa del 2,4 % en 2024 al 1,1 % en 2026, refuerza esta idea: sin innovación y digitalización, el margen para mejorar el bienestar económico se estrecha.

Consumo resiliente, pero selectivo
Para el sector tecnológico, este patrón tiene implicaciones porque el consumidor sigue dispuesto a gastar, pero es más selectivo. La demanda se orienta hacia soluciones que aporten valor tangible, eficiencia, conectividad o ahorro de costes, mientras que los productos puramente aspiracionales pierden tracción. La digitalización del hogar, los servicios en la nube, las plataformas de suscripción y las soluciones vinculadas a la eficiencia energética o al teletrabajo encajan mejor en este entorno que los ciclos de renovación acelerada de hardware.

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