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43 adaptadas, intuitivas y respetuosas con la independencia del usuario sénior. Más conexión, menos vulnerabilidad Para muchas familias, la tranquilidad digital empieza por saber que sus padres o abuelos utilizan dispositivos pensados para ellos. La simplicidad en la interfaz, el tamaño de letra ampliado, el volumen reforzado o los botones físicos son elementos que reducen la frustración y aumentan la confianza. Pero la verdadera innovación en el ámbito sénior no está solo en el hardware, sino en la capacidad de acompañamiento remoto. Porque la escena se repite en miles de hogares: “¿Me puedes subir el volumen?”, “No sé qué he tocado”, “Me llaman números raros”. Cada llamada de ayuda es también una señal de que el usuario quiere aprender, pero necesita apoyo. Aquí es donde entran en juego soluciones como SPC Care, desarrollada por la tecnológica española SPC. Se trata de una aplicación que permite a familiares y cuidadores gestionar en remoto determinados ajustes del teléfono sénior, sin que la persona mayor tenga que realizar configuraciones complejas ni perder el control de su dispositivo. La clave está en el equilibrio: nada cambia para el mayor en su experiencia cotidiana, pero sí cambia radicalmente la tranquilidad de su entorno. Asistiendo sin invadir Uno de los grandes avances en seguridad digital para mayores es la posibilidad de intervenir a distancia en aspectos técnicos que, de otro modo, requerirían presencia física. Desde el smartphone del cuidador, la app permite ajustar brillo, volumen, tamaño de letra, activar o desactivar la vibración, gestionar contactos o configurar el botón SOS. Este tipo de asistencia reduce la dependencia emocional asociada al “no sé hacerlo” y, al mismo tiempo, evita desplazamientos innecesarios. Para quienes viven en otra ciudad o no pueden acudir de inmediato, la gestión remota se convierte en una herramienta de apoyo continuo. Asimismo, la aplicación da la opción de bloquear números sospechosos y gestionar listas negras, una función especialmente relevante ante el aumento de llamadas fraudulentas dirigidas a personas mayores. La prevención del spam es una cuestión de comodidad, así como de protección económica y emocional. Localización y tranquilidad compartida Otro de los pilares de la seguridad digital sénior es la localización voluntaria mediante GPS. En dispositivos compatibles, los familiares pueden conocer la ubicación del teléfono sin que el mayor tenga que enviar su posición manualmente. Esto resulta especialmente útil en situaciones de desorientación, paseos prolongados o emergencias. El primer modelo plenamente integrado con esta solución es SPC POLARIS, un teléfono básico con tapa, conectividad 4G y botón SOS. Al mantener el formato clásico de teclas físicas, evita la curva de aprendizaje que suponen los smartphones táctiles, pero añade una capa de seguridad digital avanzada gracias a su integración con la app. El botón SOS, configurable con hasta cinco contactos de emergencia, activa llamadas automáticas en cadena si no se obtiene respuesta. Este sistema, unido a las alertas de batería baja o inactividad prolongada, crea una red de supervisión discreta que refuerza la autonomía sin convertir el dispositivo en una herramienta de vigilancia invasiva. Recordatorios que cuidan Por su parte, la digitalización contribuye al seguimiento sanitario. A través de la aplicación, los cuidadores pueden registrar citas médicas, pautas de medicación y programar recordatorios que suenan directamente en el teléfono del mayor. En modelos compatibles, incluso es posible consultar datos básicos de actividad física, como el número de pasos diarios. Este enfoque convierte el teléfono en un asistente personal sencillo, siempre accesible y adaptado a rutinas reales. Para personas que viven solas, estos avisos pueden marcar la diferencia entre cumplir o no un tratamiento. Roles compartidos y cuidado colaborativo Una de las novedades más relevantes es la posibilidad de asignar distintos niveles de acceso a varios cuidadores: administrador, colaborador o invitado. El sistema permite repartir responsabilidades entre hermanos, familiares o profesionales, evitando la sobrecarga de una sola persona. El cuidado digital deja de ser individual y pasa a ser colaborativo, y lo hace sin alterar la experiencia del usuario sénior, que continúa utilizando su teléfono con normalidad, sin interfaces nuevas ni aplicaciones adicionales que le generen confusión. Seguridad digital como derecho La seguridad digital no se trata de aislar a las personas mayores del entorno online, sino de proporcionarles herramientas acordes a sus necesidades cognitivas, sensoriales y emocionales. Por lo tanto, la tecnología fiable, intuitiva y diseñada con enfoque sénior contribuye a reducir la brecha digital y a fortalecer la autoestima. Poder realizar una llamada sin miedo, reconocer un intento de fraude o saber que, ante cualquier problema, alguien puede ayudar a distancia, genera confianza. A su vez, la conectividad 4G en dispositivos básicos garantiza mejor cobertura y calidad de sonido en llamadas, un aspecto fundamental para quienes dependen principalmente de la comunicación telefónica tradicional. Reforzar la autonomía Existe una línea fina entre cuidar y sobreproteger. Las soluciones tecnológicas actuales buscan precisamente evitar el paternalismo. El objetivo es ofrecer una red de seguridad que solo actúe cuando sea necesario. En este sentido, la posibilidad de gestionar configuraciones en remoto permite que el mayor experimente, explore y “toque” su teléfono sin temor a estropearlo. Saber que alguien puede restaurar ajustes o resolver dudas reduce la ansiedad tecnológica y fomenta el aprendizaje progresivo. En un país con una población cada vez más envejecida, la tecnología adaptada es una necesidad estructural. La digitalización de servicios públicos y privados obliga a garantizar que nadie quede fuera por falta de competencias técnicas.

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